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miércoles, 6 de noviembre de 2013

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MEDIOS Y COMUNICACION

Oralidad y efecto radial

Refiriéndose al lenguaje radial, Diego Vesciunas afirma que es fugaz, que su existencia es efímera pero que, sin embargo, la oralidad radial puede presentarnos instantáneamente una oposición, un combate discursivo y desarrollar argumentaciones sobre distintas temáticas con el objetivo de convencernos.

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http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Diego Vesciunas *

El surgimiento de la radio (allá por los años ’20) supuso, entre muchas cosas, el reverdecer cultural de la oralidad al servicio del surgimiento de un nuevo dispositivo. Como ningún otro antes, la radio revalorizó un componente fundamental de la cultura popular, siempre desdichado por miembros de la cultura dominante, quienes promovieron la escritura como valor.

La aparición de la radio implicó el nacimiento de un nuevo discurso. Su estructuración rescató muchas de las características que la oralidad manifestaba en las culturas más antiguas: fugacidad, repetición, memoria, instantaneidad y agonismo.

El lenguaje radial es fugaz. No es posible detener el sonido de las palabras. Su existencia es efímera. No poseen huella que permita rastrearlas. Las palabras son en el momento en que se emiten. Aquellos que hacen uso de ellas en una emisión radiofónica sólo pueden volver sobre éstas si consideran que no fueron escuchados o necesitan enfatizarlas. La repetición, por lo tanto, es uno de los rasgos centrales de la oralidad radial. Es el recurso por excelencia para potenciar y fortalecer su velocidad. Aun con temor de no haber sido atendida, al igual que en las culturas primarias, la oralidad se sustenta en la memoria. Es por ello que muchos de los sujetos contemporáneos de la edad de oro de la radio son capaces de recordar emisiones, locuciones, comerciales, radioteatros, intervenciones, transmisiones deportivas, etcétera.

En las culturas primarias, las palabras adquirían significado en-el-mundo. Ello las tornaba enormemente poderosas, ya que su utilización demandaba una significación instantánea. Las palabras y las cosas jamás habían estado tan cerca. Nombrar era ser. La pronta referenciación resultaba el rasgo central del intercambio comunicativo. Por lo tanto, cuando alguien habla en una emisión, refiere al mundo y a nosotros en tanto oyentes. Interpela, distinguiendo, rivalizando, emparentando y confrontando. La palabra radial, entonces, es agonista. Un magazine, con un conductor, especialistas y movileros, puede arrojar una variedad de intercambios: elogios, contrastes, debates, porfías, agarradas, distensiones, insultos, discrepancias, coincidencias, etc. Todo allí, en el momento, al aire, sólo sonidos, palabras y silencios. En este sentido, podríamos citar como un claro ejemplo de agonismo en la oralidad radial a las entrevistas que Magdalena Ruiz Guiñazú le ha realizado al ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández. En una entrevista del 19/7/2010 se suscitó el siguiente intercambio:

Magdalena Ruiz Guiñazú: “Dígame, ¿sigue siendo amigo de Moreno ahora que le quebró un dedo al abogado Soaje Pinto?”.

Aníbal Fernández: “No, Soaje Pinto le pegó al titular de la Sigen, que es más bueno que Lassie. Soaje Pinto es un pendenciero defensor de nazis y de...”.

M. R. G.: “Y su amigo Moreno es uno que anda con karatekas de custodia...”.

A. F.: “Si, dígame cuánta gente mató Moreno o a cuánta gente pegó. ¿Sabe qué le decía esta gente mientras estaban en esa reunión? ¿Sabe qué le decía este Soaje Pinto, este nazi? Le decía a Reposo: ‘Yo estoy cansado de matar montos y yo me voy a encargar de matar a los que faltan’”.

M. R. G.: “Bueno, mire, eso no se transcribe...”.

A. F.: “Está en la denuncia, quédese tranquila, que está en la denuncia...”.

M. R. G.: “¿Y quién saca los afiches contra los periodistas? Y sin firma además...”.

A. F.: “¿Y por qué no se preocupó quien sacó la nota en Clarín, que no la firmaron, imputándome a mí, por ejemplo, que yo soy uno de los que generan este tipo de cosas? No la escuché decir nada a usted”.

M. R. G.: “Mire, hágale juicio al diario...”.

A. F.: “¡Y hágales juicio a quienes hicieron los afiches!”.

M. R. G.: “¡Hágale juicio al diario, pero por favor!”.

A diferencia de la escritura, capaz de describir un enfrentamiento tomando distancia, creando el clima necesario a través de una introducción, una contextualización que sitúe al lector, la oralidad radial puede ser situacional, presentarnos instantáneamente una oposición, un combate discursivo sin preludio: lo que estamos oyendo es la pelea.

En definitiva, el lenguaje radiofónico conformó una oralidad secundaria en tanto no es independiente ni de la escritura ni de las conciencias literarias, soportándose en el sonido de la palabra. Por otra parte, existe una combatividad que atraviesa el lenguaje radiofónico, en donde continuamente existen contrapuestos, oposiciones y enfrentamientos. Sus recursos y sus variantes pueden percibirse hoy en cualquier programa de radio: argumentaciones que transitan los tratamientos de temáticas políticas, deportivas, económicas y hasta meteorológicas con el objetivo de convencernos, siempre.

* Docente de Políticas y Planificación de la Comunicación (UBA).

 MEDIOS Y COMUNICACION

La manzana y el calamar

Juan Pablo Ringelheim discurre sobre la semilla de una nueva religión universal encarnada en la manzana de Apple.

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http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Juan Pablo Ringelheim *

La manzana de Apple contiene la semilla de una religión universal. Quien mira la manzana con ojos despejados sabe, no tiene dudas, que es luz encarnada. Alguna inteligencia interestelar se ha posado en el fruto en aquella aparición colorida y prismática tanto como en su actual versión blanco perfecto. Tal vez su semilla haya viajado en un meteorito desde orígenes remotos para fecundar, finalmente, al planeta Tierra. No es necesario elevarse mediante algún tipo de meditación para iniciarse en su religión: la manzana de Apple es luz y novedad, pero perdura y se compra: no hace falta más que dinero para sentir en la piel su resplandor protector.

Al hombre caído le gusta su casa y sabe hacer su trabajo, pero a veces siente que le falta un refugio emocional; entonces sueña con dar un golpe al timón e ir a vivir al Delta o a una playa. El problema del sueño es que el hombre caído siempre termina apático y aburrido, rodeado de agua y en un barco que deriva. Si pudiera vivir en la luz de la manzana de Apple no tendría dudas. Si pudiera vivir en la luz de una Macbook tendría un bello diseño emocional. La novedad ilumina toda la Tierra.

¿Por qué la manzana de Apple ha llegado a la Tierra con un mordisco? El hombre caído quiere saber. Los antepasados remotos del hombre caído tenían prohibido por Dios un fruto que había en un árbol del Jardín. No tuvieron miedo ni temblaron y mordieron la manzana. Cayeron. Adán y Eva rodaron por el espacio interestelar y la manzana se hizo luz y también viajó hasta dar con la Tierra y fecundarla. Ahora, al ver el mordisco que sus antepasados dieron, el hombre caído advierte que la manzana debe ser buena y que ha durado una eternidad; entonces quiere morder la luz y sus dientes empiezan a castañetear.

El mundo actual tiene por dios a la libertad y Estados Unidos ha hecho de la libertad una estatua monumental. No se trata de un tipo de libertad que dé al hombre caído un significado permanente o lo lleve a sentirse en el mundo como en casa. El dios de la libertad no da seguridad: ofrece fugas en un laberinto de espejos, marea y confunde. De otro modo, la manzana de Apple sí da seguridad y permanencia: ya no hay nada que elegir ni que entender: Apple es Apple y el iPhone la casa en movimiento.

En el mundo actual el hombre caído siente cierto desarraigo. Lo dejan. Las mujeres lo dejan, el estudio lo deja, los trabajos lo dejan; él creía que los dejaba, pero en el fondo lo dejan a él. Y en el fondo de la corriente quisiera ser un calamar con tentáculos y mil ventosas para adherirse a las cosas, a las personas, a los trabajos y los días, para prenderse a las marcas y entre las marcas encontrar la roca Apple. La corriente de estos tiempos está un poco oscura y es intensa, la luz de la manzana blanca puede ser la salvación. ¡Es tan triste todo en el fondo! ¡Cuánto desearía una conducción! O deambular eternamente por un evento con marcas adherentes y marcas líderes.

Las ventosas del calamar son aún más adhesivas que los pulgares de Facebook para prenderse a algo en la deriva existencial. El hombre caído querría ser un calamar prendido a una manzana de luz entre la ausencia de referencias. Pero ha oído hablar de calamares que siguen las luces hasta caer en una red; también escuchó voces críticas que advierten sobre terminar siendo rabas fritas comidas por ejecutivos en Puerto Madero. El hombre caído no escucha más críticas porque tiene fe en la tibieza del teclado de la Macbook, confía en ella con los ojos vendados y su certeza podría viralizar la red.

La manzana de Apple no sólo da al hombre luz y seguridad. La manzana también absorbe a gran velocidad los mejores nutrientes de la humanidad. Flujos de afecto y atención, música y fotografías, artes visuales y guiones, moda y diseño nutren a las Macbook, a los iPad y los iPhone; también voces y (¿quién lo negaría?) gritos. El grito. La manzana de Apple absorbe el caudal de humanidad que fluye por Internet y lo memoriza en sus fibras y aminoácidos.

Llegará el día en que el hombre y la mujer prueben nuevamente otro conocimiento prohibido y deban abandonar la Tierra y vuelvan a viajar por el espacio para caer en un mundo nuevo. Entonces la manzana también emprenderá un viaje hacia otro punto del Universo. La inteligencia interestelar que se ha posado en la manzana ahora estará cargada de humanidad y fecundará otro planeta y una nueva historia comenzará para otros hermanos de luz.

* Docente UBA y UNQ.

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