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jueves, 24 de mayo de 2012

medios


MEDIOS Y COMUNICACION



24 horas de noticias



Hernán Pajoni hace una invitación a sospechar sobre lo que vemos y escuchamos en los medios de comunicación pero, sobre todo, a desconfiar de las maneras de hacer periodismo que, más que alumbrar, impiden ver.

 Por Hernán Pajoni *

Instalar un estado de sospecha sobre lo que vemos y escuchamos en los medios de comunicación es un punto de partida necesario y sano. Es también una técnica para pensar sobre lo que ha hecho de nosotros la tenaz y replicante reiteración durante 24 horas de noticias de unos acontecimientos transformados en la realidad, que ajena se nos impone y que luego incorporamos naturalmente a nuestra agenda de preocupaciones inminentes.

A sangre y fuego esos acontecimientos postulados como trascendentales se hacen carne en nosotros los públicos, a fuerza de repetición, como una gota de agua que golpea decenas de veces en la jornada. Con una programación nunca interrumpida de noticias, la realidad se queda corta, no le alcanza para abastecer un tiempo y un espacio desmedidos para contar la actualidad. Entonces, por ejemplo, la misma muerte violenta ocurre veinte veces al día, y razonablemente expuestos a la muerte, o a cualquier otro suceso repetido, es posible que sintamos que nos rodea, con su inminencia.

Roland Barthes, hace cuarenta años, nos previno sobre el lenguaje, pues en la denominación de las cosas pesan años de historia, prejuicios y categorías ideológicas que se nos presentan como naturales, rebosantes de inocencia. Bien, hay que sumarle entonces que la denominación que predomina es la de los que mandan, que concentran tanto los recursos económicos como simbólicos.

Hagamos cuentas: selección de lo que nos debe preocupar; reiteración exasperante de la selección anterior; y finalmente la forma de su designación, es decir, las palabras que le dan a esos acontecimientos un sistema explicativo.

Demasiada sospecha, cerca de la paranoia quizá. Pero hay algo más, cuántos monitores encendidos “vigilan” el acontecer y devuelven como espejos la sucesión de hechos insoslayables en bares, salas de espera, peluquerías, vidrieras y demás espacios de tránsito inevitable, con noticias y más (de las mismas) noticias. Ajenos a nuestra voluntad de ver, nos persiguen con su verdad, modificando los modos de consumo hogareño e imponiéndose, enajenando, anulando distancias críticas que nos permiten ver y luego pensar.



Aquí entonces vale la pregunta sobre el rol del periodismo en este contexto: ¿Habrá un manual? ¿Habrá disposiciones generales para asignarle una (des o sobre) calificación a hechos o personas en forma frecuente, sistemática quizá?



En periodismo hay algunos conceptos teóricos relacionados con la gimnasia, seriada, para producción de noticias o realidad. Pueden llamarse “rutinas productivas”, “condiciones institucionales de producción”, y más. Por ejemplo, se llama key events a los acontecimientos rutilantes de una misma magnitud e interés que dispara un protocolo de acción incorporado en la cultura organizacional de la empresa periodística o noticiero. ¿Y el mundo que nos rodea? ¿Y las prevenciones que debe tomar el discurso que se refiere a ese mundo? En la investigación científica se llama “vigilancia epistemológica”. Se trata de la necesaria distancia que debe tomar el investigador frente a su objeto y a la pertinencia de las herramientas de análisis que utiliza, como para que sus intereses o sospechas o prejuicios no oscurezcan por completo ese mundo del que pretende dar cuenta. Una especie de garantía de honestidad, si es que fuera posible, tal garantía y tal honestidad, pero algo es algo.

En el periodismo esa distancia no tiene nombre. La objetividad, la neutralidad, la imparcialidad, etc., son proclamas autocelebratorias, estrategias retóricas de inocencia. La producción de mensajes en esta profesión, por la propia organización de las verdades en sociedades de masas, suele imponer su dominio sobre los discursos públicos, y siempre se presenta un riesgo: el de la pretensión de imponer el propio interés o “encuadre” sobre los acontecimientos. Más aún: considerar que esa perspectiva es honesta e independiente. El periodismo independiente es un gran slogan primero, una trinchera después, y agregaría hoy: una trinchera autoincriminatoria.

En la profesión entiendo que se podría ir más allá y postular como principio atravesar los límites de la propia mirada, o del interés corporativo impuesto, y respetar las voces que componen un universo siempre más complejo; en honor a la verdad.



* Docente investigador y magíster en Comunicación.

MEDIOS Y COMUNICACION



La investigación en comunicación



Washington Uranga presenta algunas afirmaciones y testimonios recogidos en el Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación recientemente realizado en Montevideo.

 Por Washington Uranga

Entre el 9 y el 11 de mayo pasado, Montevideo fue sede del XI Congreso Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación, que sesionó bajo el lema “La investigación en comunicación en América latina: interdisciplina, pensamiento crítico y compromiso social”. El encuentro, del que participaron aproximadamente 1200 comunicadores de todo el continente, fue organizado por la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (Alaic) y la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República. Por el número de asistentes y la cantidad de trabajos presentados (más de 700), el evento se convirtió en el más concurrido de cuantos acontecimientos de este tipo se celebraron hasta el presente en la historia latinoamericana.

Las jornadas se dividieron entre las conferencias magistrales a cargo de reconocidas personalidades del ámbito de la investigación en comunicación, como Juan Díaz Bordenave (Paraguay), Valerio Brittos (Brasil), Divina Frau-Meigs (Francia), Francisco Sierra (España), Eliseo Colón (Puerto Rico), Carlos Arroyo (Bolivia), Rossana Reguillo (México) y Hugo Achugar (Uruguay), entre otros, y un total de dieciséis grupos temáticos, tres grupos de interés y varios talleres.

Hablando en el Paraninfo de la Universidad de la República en Montevideo, Juan Díaz Bordenave aseguró que “el capitalismo se está desmoronando y la humanidad está buscando un modelo que lo sustituya”, pero advirtió que “al capitalismo nunca le faltó ingenio y astucia y utiliza la comunicación y los comunicadores como instrumento para continuar en pie”. Por eso, dijo el intelectual paraguayo, “para un nuevo mundo posible, tenemos que crear otra comunicación posible” y “volver a lo más simple del ser humano, donde éste vuelva a conectarse consigo mismo, con la naturaleza, con lo sagrado y con el propio hombre, a través de la solidaridad y la generosidad”. Y aseguró que “los comunicadores tenemos una enorme responsabilidad, porque la comunicación es un arma de doble filo y si no la utilizamos bien, ayudamos a la destrucción del mundo”.

Refiriéndose a la situación de la juventud en la región, la mexicana Rossana Reguillo dijo que “es urgente que los gobiernos de la región entiendan que deben invertir millonariamente en educación y trabajo, porque más del 5 por ciento de la población latinoamericana no estudia ni trabaja y este asunto se les va a salir de las manos”. Agregó que hay que entender a los jóvenes como “sujetos políticos con capacidad de enunciación y de pronunciarse sobre sus propias problemáticas” y, a partir de ello, “generar espacios para que los jóvenes puedan gestionar por sí mismos sus necesidades diferentes”. Propuso “elaborar un macroproyecto a nivel de la región para potenciar todo lo que ya está ahí, que es muchísimo, como el trabajo autogestivo de los jóvenes en arte, en política, en expresión, en graffiti, en diversidad sexual, etcétera, porque existe un conjunto de experiencias dispersas a las que es urgente apoyar y catapultar”.

César Bolaño (Brasil), reelecto presidente de Alaic, especialista en economía política de la comunicación, aseguró que “la comunicación es parte de la economía y la economía es una estructura de poder”. Dijo también que el problema que enfrentamos es que “el capitalismo acaba por dominar todas las formas de producción humana y de relación social; la contradicción del sistema no es solo la contradicción capital-trabajo. Junto con ella está la contradicción economía-cultura. Hay una base de la economía sobre la cultura y nosotros tenemos que construir formas de ‘buena vida’, de relación social y de solidaridad que no pasen por relaciones de mercado”.Francisco Sierra (España) sostuvo que “no se genera desarrollo simplemente transfiriendo tecnología”. Para el investigador europeo, “las tecnologías se producen en el Norte y se consumen en el Sur y esto habla de concentración de poder y conocimiento y de dominación cultural”. Porque, agregó, “las tecnologías no son neutrales, son portadoras de cultura y por ese motivo necesitamos crear nuestras propias herramientas”, dando como ejemplo el Plan Ceibal, por el cual se entregan computadoras portátiles a los jóvenes en Uruguay. “La cuestión no es tecnología sí o tecnología no”, continuó diciendo Sierra, “no es apocalípticos o integrados, el debate debería ser cómo apropiarnos de ella y qué desarrollos podemos implementar. Esto pasa por políticas públicas activas de apropiación comunitaria, de construcción colectiva del conocimiento, de defensa del software libre y de normas comunes de patrimonio”, propuso.

En el marco del congreso de Alaic, la Universidad de la República le confirió el doctorado honoris causa al investigador hispano colombiano Jesús Martín-Barbero que, sin embargo, no pudo estar presente en Montevideo por razones de salud. El próximo congreso de investigadores latinoamericanos de la comunicación se celebrará en Lima (Perú) en el 2014.




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