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viernes, 20 de junio de 2008


DATOS DE UN ESTUDIO DE LA CAMARA INDUSTRIAL DE LA INDUMENTARIA
Seis de cada diez argentinos compran productos falsificados
El negocio mueve unos 8.000 millones de dólares anuales en el país. Entre los productos más falsificados están los CD y DVD, y le sigue la ropa "de marca". El 82% de consumidores detecta fácilmente que son truchos, pero los compra igual.
Por: Fernando Soriano


UNA MECA. VISTA DE LA FERIA DE LA SALADA, UN LUGAR EN EL QUE PRACTICAMENTE SE PUEDE ENCONTRAR DE TODO.


Carteles en las autopistas, campañas persistentes en la televisión, contratapas de revistas. Mujeres y hombres bellos que sugieren que si no tenés la bufanda que les cuelga desde el afiche, no se es. La publicidad, hija del marketing, ostenta el don de la omnipresencia. Pareciera que para pertenecer, para no vivir en la periferia, hay que hacer caso a los carteles. Las marcas -como lo considera la socióloga canadiense Naomi Klein en su best seller No logo- buscan menos vender sus productos que determinar modos o estilos de vida. En Argentina también ocurre, con un agravante: los precios que imponen las grandes compañías limitan a la mayoría. Tal vez eso justamente explique el fenómeno local: un estudio revela que seis de cada diez personas compran productos de marcas falsificadas, truchos.Ropa, discos compactos, DVD, relojes y hasta medicamentos entran en la lista de objetos más falsificados. Se trata de un mercado enorme, que consumen todas las clases sociales. Y que en el país genera alrededor de 8 mil millones de dólares anuales. La gran diferencia está en el precio. Un producto trucho, demasiado parecido al original (eso incluye desde el diseño a las etiquetas) cuesta tres, cuatro y hasta cinco veces menos, depende del grado de similitud con el imitado. Los CD y DVD son los más falsificados. El 65% de éstos resultan truchos. Claro que con los discos es mucho más fácil detectar la diferencia que con la ropa. Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), la falsificación de prendas de vestir genera una pérdida anual de US$ 1.200 millones. La mitad de la ropa del mercado es falsa."Sí, suelo venir cada tanto a buscar una prenda acá. ¿Por qué Porque la calidad es buena, se parece mucho a la original y, sobre todo, me sale muchísimo menos", cuenta un señora coqueta, que acaba de estacionar su auto importado en la puerta del Paseo Turdera, uno de los tantos lugares del conurbano donde se consigue casi todo lo que se busque. La mujer consiguió una campera que, original, sale cerca de $ 500. La pagó cinco veces menos. Así son todos los casos. "Por ejemplo, mi hermana le compró a mi hija una remerita de marca que pagó $ 47. El otro día la llevé a una de las ferias de la zona sur y le mostré la misma: salía $ 9. Imaginate lo que sintió", le explica a Clarín un hombre que prefirió no dar su nombre. Si bien es cierto que quienes más consumen estos productos son aquellos que pertenecen a las clases bajas (el 62%), la participación del 54% de la clase media y el 45% de la alta es indispensable para el desarrollo de este mercado."Este tipo de actividades tienen una cosa muy sencilla: parten del estado de necesidad de la gente de cubrir determinados bienes, más allá de la marca. Los adolescentes buscan la marca, sí. Pero la gente necesita una camisa para ir a trabajar y busca una que no se deforme el cuello; si tiene el caballo bordado o no, le da lo mismo. La camisa vale 40 pesos con o sin el logo. Ahora, la diferencia de precios habría que preguntársela a las marcas", comenta una persona importante de uno de los centros comerciales donde se vende ropa falsa.Marcos, puestero de una feria por donde, se estima, pasan 20 mil visitantes por día, cuenta que el negocio tiene actores de todo tipo: "Vienen vendedoras de locales del shopping. Compran la misma remerita que venden y se la 'encajan' al primero que no pide factura". Según el informe, el 82% de los argentinos tiene la capacidad de reconocer qué producto es falsificado, pero el 58% dice que, igualmente, está dispuesto a comprarlo.Según algunos expertos falta un soporte legal para controlar el fenómeno. La ley de marcas aplica una pena de entre tres meses y dos años de prisión. "En general, la ley ataca a quienes fabrican o tienen una actividad comercial relacionada a productos de terceros", explica Guillermo Alcaráz, del estudio Clarke, Modet & Co, que representa a grandes marcas y que elaboró el informe. Para Alcaráz, hay que levantar las penas. "Una multa de 3.000 pesos no les duele", dice. "Pero el problema es que se ha establecido la cultura del consumo de productos truchos", agrega el abogado. La AFIP impuso un sistema de alertas que funciona cuando la operación de importación o exportación de mercaderías es presentada por alguien no inscripto en el registro de la Dirección General de Aduanas. Lo cierto es que el tema no es sencillo: "No podemos cobrarles impuestos porque estaríamos blanqueándolos. Y tampoco queremos atacar al que vende en la calle", comenta un funcionario de ese organismo.
En cifras
500 billones de dólares se mueven con productos truchos en todo el mundo. Se lo considera el "delito del Siglo XXI".45 por ciento de quienes integran el sector ABC 1 (clase alta) admite que suele ir a ferias y comprar artículos de marcas falsificadas.
Truchadas
Eduardo San Pedro
Parece obvio señalar que, con menos plata en el bolsillo, comprar trucho por bueno puede resultar un buen negocio. ¿Y si los precios bajaran? ¿Si la remera o las zapatillas de marca se pusieran un poco más a tiro? Aquí es donde lo obvio y lo lineal pueden naufragar. No necesariamente toda la gente iría a comprar lo legítimo; total, lo trucho viene con una etiqueta casi-casi igual a la verdadera. La cosa quizá tampoco cambiaría si se tratara de CD, por ejemplo. El CD trucho tiende a ganar por varios cuerpos la carrera, en la medida en que sólo se sacrifica un poco de elegancia en el packaging. Y no es como la remera: el CD no se exhibe, nunca está a la vista.
Las marcas hablan de cada individuo
Rocío Salas Alvarez
Antes de que se desarrollara el marketing no había marcas. Lo que se usaban eran productos que se consumían por su funcionalidad. A medida que alguien entendió que la gente podía vincularse desde lo afectivo con esos productos y que no tenía el mismo significado una chancleta que un perfume, entendieron que se podían desarrollar los mismos productos con distintas marcas para satisfacer las expectativas de distinto tipo de gente. La marca viene a llenar "agujeros" de sensibilidad perdidos y, muchas veces, una profunda soledad interna. Las marcas estarían convirtiéndose casi en redes sociales que comunican información entre distintos grupos. Un ejemplo es la señora del country, una compradora racional que le compra las zapatillas Adidas truchas a su hijo en La Saladita porque la marca funciona, entre los niños del country, como conector social. Del mismo modo ¿se puede entender que hoy se cometan delitos para robarle las zapatillas de marca a otro chico? Racionalmente, en el consumidor tendrá más o menos relevancia una marca. Pero en el mundo actual las marcas hablan de uno. Sin abrir juicio de valor, una persona que pone un encendedor Dupont arriba de una mesa está diciendo algo de sí mismo que no es lo mismo que dice quien pone sobre la mesa un encendedor Cricket.

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