Adherentes de la pagina

jueves, 24 de noviembre de 2011

medios


LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

Para ganar la posguerra

Marcelo García y Fernando Martínez sostienen que, en la hipótesis de que ha terminado “la guerra por la comunicación”, estarían dadas las condiciones para armar ahora un plan para batallar por la paz, es decir, construir una política nacional de comunicación.

Final del formulario

Por Marcelo J. García y Fernando G. Martínez *

Hipótesis de máxima: la guerra por la comunicación en Argentina ha terminado. La última batalla habría sido el 23 de octubre. El ganador cuenta con el aval de los votos. Si fuese así, de máxima, estarían dadas las condiciones para salir de la trinchera, mirar el territorio conquistado y armar un plan para la paz: batallar por la paz.

Cierto: la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) vive, a dos años de su promulgación, un proceso complejo de implementación. Tan cierto como que la percepción mayoritaria desconoce sus alcances y que ha sido asociada pérfidamente a la disputa del Gobierno con un grupo mediático dominante. Los detractores de la ley, además, no se han rendido. Con todo, un buen ganador conoce el bouquet de la victoria y qué debe hacer para consolidar su triunfo. No hace falta esperar ninguna rendición incondicional.

El primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner quedará en la historia por la motorización y aprobación de la ley. Antes fueron 70 proyectos y ninguna ley, de 1983 a 2009. El Gobierno alineó planetas históricamente disociados: una fuerza política mayoritaria con voluntad (y/o necesidad) de reforma; la torre de marfil de la academia; y el heterogéneo colectivo de actores de carne, hueso y raíces territoriales profundas que hicieron los 21 puntos para una radiodifusión democrática. Sea dicho: esta ley se legitima en la estructura de su derrotero histórico más que en la coyuntura de su nacimiento político.

La norma se integra, además, a otras iniciativas con orientación hacia la constitución de una Política Nacional de Comunicación, vieja y querida PNC. En lo soft, señales como Encuentro, Pakapaka e Incaa TV. En lo hard, la red de televisión digital terrestre en clave social vía la entrega gratuita de decodificadores a los sectores con menor capacidad de acceso. Desde la primera convocatoria a la Coalición por los 21 puntos a este fin e inicio de mandato el 10 de diciembre, el Gobierno mantuvo un equilibrio inestable entre la trinchera y la estrategia, mixturando la escaramuza partidaria con política de Estado. Una nueva etapa de consolidación de la paz llama a menos exaltación de la diferencia al estilo 6 7 8 y más construcción pública de lo común. La guerra de trincheras, por inevitable, necesaria y heroica que haya sido, encuentra su límite cuando se trata de construir desde la fortaleza.

Si la hipótesis de máxima termina siendo cierta, la pregunta que sigue es, ¿cómo ganar la posguerra? ¿Cómo lograr que la LSCA deje de ser percibida por muchos actores políticos, pero sobre todo por la sociedad, como un arma sectaria?

Como nunca antes, Argentina tocó el nervio profundo de intereses comunicacionales y empresariales de raigambre voraz. Aquellos que soñaban con un statu quo eterno capaz de garantizar posiciones dominantes ante el público y sus representantes. En el sector de la comunicación, a diferencia de otros donde la reforma todavía tiene que ser hecha, la mejor manera de profundizar el modelo sea, quizás, modelizar (sic) lo profundo: hacer que funcione bien.

Para que la ley funcione en el marco de una PNC sólida y duradera hay que procurar más y mejor Estado, a largo plazo. Las múltiples formas en que ese Estado se manifiesta van desde la elaboración de concursos públicos para nuevas licencias –como las que lleva ahora adelante la Autoridad de Aplicación de la LSCA– hasta el prime time de la televisión pública y los títulos de los cables de su agencia de noticias. Un Estado más profesional y más inteligente tampoco tiene que temer a más reformas: la aprobación de una ley que declare de interés público la producción de papel para diarios, pero también una legislación sobre acceso a la información y una regulación sobre el uso de publicidad oficial.

Si lo que se busca es generar políticas de aliento largo, ni la ley ni la política deben estar sospechadas de servir intereses partidarios. Hay que ser y también parecer. Salirse de la trinchera, del enquistamiento defensivo y de la guerra de posiciones. La construcción post reclama sentido inclusivo e integrador. De mínima, el sector de la comunicación pública está a las puertas de ser política de Estado en Argentina. Depende del Estado –y de

nosotros, sus defensores, ya no de sus detractores– que la hipótesis de máxima se convierta en realidad.

* Licenciados en Ciencias de la Comunicación (UBA). Integrantes de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (www.sidbaires.org.ar).

MEDIOS Y COMUNICACION

Tres hipótesis sobre “la cuarta plataforma”

Luciano Sanguinetti adelanta tres hipótesis intentando dar respuesta a los desafíos de la plataforma digital, la nueva plataforma de difusión de la cultura.

Final del formulario

Por Luciano Sanguinetti *

Cuando publiqué el 24-04-11 en Página/12 una nota titulada “La cuarta plataforma” (en la que describo las cuatro plataformas históricas de transmisión de la cultura, desde la academia griega, la escolástica medieval, la escuela moderna y hoy los dispositivos tecnológicos de la era digital), Julio Bertolotti, director del Neo TV Lab, probablemente el centro de investigación y producción audiovisual más interesante que se está desarrollando en la Universidad de Tres de Febrero, me preguntó cuáles eran los desafíos de esa plataforma.

Hace meses que vengo pensando cómo responderle y ahora voy a arriesgar tres hipótesis. Mi respuesta va a ir en línea con el argumento de un libro fundamental de Henry Jenkins, La cultura de la convergencia. Por ahora estas ideas se vuelcan centralmente sobre el panorama audiovisual, que en la Argentina vía la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la política de digitalización de la televisión y la llamada batalla cultural adquieren una relevancia capital.

La primera hipótesis tiene que ver con la convergencia de soportes y lenguajes: las nuevas tecnologías hibridizan los soportes y lenguajes. Celulares, netbooks, tablas transforman lo que llamábamos televisión o cine. La plataforma digital va conectando dispositivos, instituciones y grupos y, como dice Cecilia Sagol, responsable de contenidos de Conectar Igualdad: el uno a uno está en la gente. El achicamiento de la brecha digital, que en la Argentina crece gracias a diversos programas que se complementan (tanto públicos como privados), como la expansión de la red digital de transmisión televisiva, por las netbooks que llegan a tres millones de adolescentes o la expansión de los celulares con wifi, refuncionaliza los viejos medios. El televisor fue una cosa hasta finales de los noventa y va camino de ser otra en el siglo XXI, como lo demuestran las investigaciones de Roger Silverstone en el ámbito hogareño. El último encuentro organizado por el Neo TV Lab hace pocos días lo pone blanco sobre negro: Pantallas Múltiples.

La segunda hipótesis es la de la convergencia entre saberes: información, educación, ciencia, entretenimiento, arte y cultura: los entornos digitales modifican también nuestro vínculo con los saberes, cada vez es más claro que vivimos inmersos en una suerte de neorrenacentismo. ¿Qué diferenciaba en Leonardo Da Vinci lo que correspondía a lo científico, al arte o a la guerra? Algo de eso nos pasa cuando vemos el canal de televisión del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, o cuando asistimos a Tecnópolis. O cuando vemos una serie sobre la Edad Media por algunas de las grandes cadenas americanas. Los consumidores de medios dejamos de ser eso. Jenkins demuestra en su libro cómo se transformó lo que comúnmente llamábamos ver televisión. Los fans de una serie como Lost demolieron la idea de un espectador pasivo, pero también experiencias como 6 7 8 prefiguran otro tipo de usuario de los medios: ¿televisión militante?, ¿ciudadanías mediáticas?, ¿ciberactivismo? Los desarrollos tecnológicos que tienen lugar en el Lifia (Laboratorio de Investigación y Formación en Informática Avanzada, a cargo de Gabriel Baum) de la Universidad Nacional de La Plata con la interactividad televisiva están señalando un camino. La resolución de la Afsca que le otorga a cada una de las universidades nacionales una señal televisiva prefigura un lugar nuevo para los medios audiovisuales.

Nuestro mapa de medios todavía se parece mucho al de los ferrocarriles que dejó la dominación británica. ¿Nodos, redes, pluralización de las pantallas? Como lo prueban ciertos acontecimientos políticos recientes, los colectivos sociales, las multitudes, están protagonizando la agenda contemporánea. La de la televisión también.

La última hipótesis es la de la convergencia entre tiempo y espacio: el achicamiento del mundo que hacen posible dramáticamente las TIC modifica nuestra relación con el tiempo. Pienso ahora en el ciclo “Panorama argentino”, que están produciendo en forma colaborativa los catorce canales públicos de televisión en la búsqueda de una imagen federal de la pantalla televisiva. Así las estrategias colectivas en la producción del conocimiento y en la experiencia social modifican los horizontes de lo público; los debates sobre la situación griega dan otro testimonio. La utopía no es está en camino, sino que es hoy. Las TIC modifican el espacio habitado y hacen del aquí y ahora una dimensión ontológica.

Muchos todavía seguimos educados en el mañana, en lo que vendrá. Como ha señalado Jesús Martín Barbero, lo que las tecnologías digitales reubican es el futuro. Los jóvenes cuestionan la escuela no por una cuestión de didácticas o contenidos, sino por una cuestión de temporalidades y espacios. Del pizarrón a las pantallas digitales. ¿El desafío es acompañar la conectividad inevitable de esos espacios o de esos sujetos?

* Docente, investigador. Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.

No hay comentarios: