domingo, 6 de noviembre de 2011

Informe especial

¿Hay vida después de un reality show?

Publicado el 6 de Noviembre de 2011

Un repaso al panorama actual de tres participantes que tuvieron su minuto de fama gracias a las cámaras indiscretas de la televisión, en la misma semana del lanzamiento de la nueva edición de Gran Hermano. Así, Martín Pepa, Emanuel Ntaka y César Nogueiras hablan de la repercusión que tuvo su paso por GH 2010, Popstars y El Bar TV.
La fama los abrazó rápidamente gracias a que las cámaras no pararon de filmarlos las 24 horas del día. Fueron celebridades, blanco de las críticas y adorados por miles de fans. Martín Pepa (Gran Hermano 2011), Emanuel Ntaka (Popstars) y César Nogueiras (El Bar TV) participaron de tres reality shows distintos y cuentan qué hicieron después de los ciclos que los catapultaron a la popularidad.
“Cuando salí mi vida había cambiado totalmente. Me di cuenta de que no era uno más. Había pasado más de cuatro meses, las 24 horas, en televisión. ¡Vas a Ushuaia y te están esperando para saludarte! Cambió todo”, resume Martín Pepa, uno de los finalistas de GH 2011, y flamante licenciado en Comunicación. El joven de La Pampa logró, después de “romper un poco las bolas”, que lo dejen laburar en producción del programa Todo por amor, que será conducido Cathy Fulop (Telefe), ya que pasaba el tiempo y no veía materializarse su sueño de trabajar en TV. “Por más que te conozca todo el mundo, a la gente le tenés que demostrar que sabés hacer algo. Apuesto a crecer adentro de la TV y que alguien me dé la oportunidad de hacer algo delante de cámara”, remarca.
Inquieto, Pepa no se resigna a pasar desapercibido, por eso craneó producir y conducir, con el periodista Joel Rossi, un piloto-magazine humorístico para meterlo en la televisión de Córdoba y en el cable porteño. “Puede salir bien o como el orto, pero no me voy a quedar sin intentarlo porque es una idea que tenemos de hace mucho”, dispara.
“A veces gano, a veces no”, la hitera frase del tema del grupo Mambrú no paraba de sonar en las radios y aparecer como cortina de programas de televisión. Las chicas los adoraban, llenaban el Teatro Gran Rex y llovían los premios hasta que dijo basta. “Fue una sensación de libertad.” Así describe Emanuel Ntaka, ex miembro de Mambrú, banda surgida del reality PopStars, el momento que logró rescindir el contrato con la discográfica BMG para empezar a transitar su propio camino. Se subió a una combi y salió a recorrer el país con Sin Semilla, una banda reggae. La fama atrajo a los amigos del campeón y productores deseosos de hacer negocios. En una jugada fallida firmó un contrato con un empresario con el que habían “pautado una inversión de plata para hacer mi disco”, detalla. “Pero después de un tiempo de trabajar me di cuenta de que era otra cosa, que el tipo era un chanta. Ahora estoy en juicio. Me abrí y seguí trabajando en mi CD de forma independiente, lo que me dio el puntapié inicial para meterme en la producción”, amplía Ntaka, quien hoy tiene su propia productora (NTRK Records) y lanzó No pares, su CD solista.
Al lanzar su álbum estaba “en el medio de una confusión, por salir de algo tan groso y encontrarte en un stand by. Lo primero que te pasa es que no sabés para dónde arrancar. Venís de una estructura enorme y te encontrás muy solo. Eso es lo complicado. Cuando estás ahí es otro planeta, es muy poco real. Y de esa confusión salió el disco”, define.
Antes de entrar en PopStars, Ntaka fue atacado por un grupo de skinhead. El incidente provocó la necesidad de comprender la problemática social. “Me empecé a juntar con gente e hice el CD-DVD Sonidos negros en la Argentina (2010), un material en el que junté a varios grupos de africanos y descendientes. Para el DVD abrí una cámara y le dije a cada banda que diga lo que quiera. Estoy siempre en la lucha de lo que sería la civilización de la comunidad afro en Argentina”, afirma.
Del kiosco de diarios a la tevé, ese fue el camino maratónico que transitó casi de un día para el otro César Nogueiras, quien llevó su rap y bandejas a El Bar TV. “No me llama sacar chapa con un programa que pasó hace diez años. O sea, lo sigo teniendo en mi mente y recién ahora mi hija de cinco años empieza a interpretar que papá estuvo en la tele en una época”, comenta del ciclo que marcó su vida. “Siempre me gustó separarme un poco del resto, en actitudes, en hacer cosas distintas. ¿Por qué no un gordo skater a los 14 años cuando los que veía eran flacos? Estoy intentando hacer algo nuevo que la mayoría no lo hace porque les meten el chip en la cabeza y te dicen que sos gordo simpático y no sexual”, dispara el actual técnico en seguridad electrónica y vendedor de juegos de living. “¡Están baratísimos y tienen onda!”, dice y chivea su contacto:
EL COSTO DE LA FAMA. ¿Cuál fue el precio que pagaron por pasar por un ciclo de telerealidad? “Si bien todo el mundo te conoce, la mochila de Gran Hermano la vas a llevar por los menos diez años”, responde Pepa. “Gran Hermano no te asegura nada, ni en lo económico, ni que vas a vivir de la tele, ni nada. Te levanta tan alto, te conocen todos, como digo yo, pero también tenés que pensar que todo eso es efímero”, aclara.
Sin redes sociales ni celulares con cámaras, Nogueiras zafó sólo un poco del acoso de la fama. “Mi ida a un reality tuvo un 90% de cosas buenas y un 10% de las malas. Era tanto el acoso que mi vieja tuvo que cerrar la casa y bajar las persianas en plena luz del día durante tres semanas porque rompían tanto las bolas”, recuerda.
Ntaka tiene asumido que siempre habrá gente “que te va estar mirando con prejuicio” por haberse popularizado por un reality. “Mientras estás en el programa, todo tu entorno y los productores te están inflando. Al toque que salí, me encontré un poco mareado. Por suerte tengo una familia muy a tierra que me ayudó a bajar”, recuerda.
El estereotipo y la pose puede ser márketing para vender. “Hubo un grupo que nos hizo una canción. Me encontré con el cantante de esa banda y le pregunté por qué nos bardeaba y él me contestó que estaba todo bien con nosotros, que éramos lo más, que cantábamos bárbaro, pero que lo tenía que hacer porque la gente se lo pedía. Entonces no todo lo que te venden es real. Tendríamos que pensar un poco más lo que consumimos”, reflexiona.<

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