lunes, 11 de abril de 2011

historias

De aquellos churros a estas diosas

11/04/11 - 01:21
Palabras que formaron parte del vocabulario porteño y parecían eternas, cambiaron como las modas




Igual que cada rincón del mundo, Buenos Aires tiene personajes,  monumentos, edificios o hechos poco conocidos que le dan una  personalidad, una forma de ser. Muchas de esas cosas son las que se  buscan reflejar cada semana. Pero aparte de las cuestiones palpables,  están las intangibles que les dan vida a la ciudad. Por ejemplo: las  palabras para definir o calificar hechos o actitudes y las modas que se  imponen según pasan los años.
¡Qué churro! o ¡qué budinazo! era,  hasta hace cuatro décadas, la mejor forma de definir la belleza de una  mujer como las de aquellas chicas que José Antonio Guillermo Divito  (1914-1969), el reconocido dibujante, humorista y caricaturista, impuso  con sus trabajos que hicieron historia en la revista Rico Tipo: muchas  curvas y muchas voluptuosidades. Hoy, a cualquiera de las jóvenes que se  destacan por esas virtudes nadie les diría “churros”. Son “diosas” o  simplemente “potras“.
Tampoco en la actualidad existen las  expresiones “paparulo” o “chitrulo” para definir a alguien con pocas  luces. Para los tiempos que corren un tonto es “un pancho”, lo que  prueba que los cambios también pueden modificar significados, porque  años atrás ser pancho era ser muy tranquilo.
Y ni hablar de términos  totalmente fuera de foco como “piscolabis” o “tentempié”, para definir  lo que es un bocadillo o una comida rápida, informal, apetitosa y  divertida que se suele utilizar entre horas. Hoy, para no pasar por  antiguo, habrá que referirse a un “snack” o, si se prefiere algo más  castellano, a una colación. Esa será la manera más clara de demostrar  que uno es “cool” y que está “in the mix”, algo que en otros tiempos se  decía “estar en la pomada”.
El paso de los años también generó  cambios en el uso del lenguaje para definir las relaciones de pareja. Y  lo que alguna vez fue “ir a tomar un copetín”, después se convirtió en  compartir “un drink”, para llegar al actual “tomar algo”. Claro, la  primera era para los tiempos en que se tenía “un filito” o “una  simpatía”, lo que los años iban a convertir en “amigovio”.
Además, la  acumulación de los almanaques dejó atrás un clásico de la noche de  Buenos Aires: en la ciudad ya no existe ningún “piringundín”, aquellos  lugares donde había “coperas” que invitaban a mucho más que compartir  una copa. Ahora, la definición es más contundente: la imaginación  popular los bautizó “puticlubs”, aunque algunos prefieran todavía  llamarlos “cabarulos”, un término que ya tiene sus años.
Y si se  trata de recordar términos que se llevó la historia del habla popular,  no está demás pensar en aquellos “petiteros” de los años 50 y 60 que  rondaban la zona de Santa Fe y Callao. Paraban en el Petit Bar, un café  que también dejó su marca en la ciudad. Hoy, quienes marcan tendencia,  son los que tienen “onda”.
Para el cierre hay dos palabras que, como  muchas otras, también cayeron en desuso. Servían para definir un  vehículo en mal estado: eran “catramina” y “cafetera”. Ambas tenían el  mismo uso, pero la segunda había alcanzado algo más de popularidad,  tanta que hasta había un típico cantito de chicos cuando salían de  excursión. Decía “chofer, chofer/ apure ese motor/ que en esta cafetera  nos morimos de calor”. La “cafetera” en cuestión era un micro sin  ventanillas que tenían de techo sólo una lona con parantes. Por su  forma, las llamaban “bañaderas” y fueron un clásico. Pero esa es otra  historia.

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